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  • David López García*

El aprendizaje en el desabasto de la gasolina


La escasez de gasolina del fin de semana nos ayudó a entender mejor una dimensión de la infraestructura que de por sí es difícil de comunicar. Normalmente no nos cuestionamos cómo y dónde se produce la gasolina que consumimos, ni cómo llega a nosotros. Sin embargo, una de las virtudes de la crisis del fin de semana es que visibilizó estas cuestiones. ¿Por qué sucedió esto?

El profesor Paul Edwards de la Universidad de Michigan suele decir un par de tesis sobre las infraestructuras. Primero, que el componente más importante de las infraestructuras es “el flujo”. Uno pensaría que lo fundamental de las infraestructuras son sus componentes materiales, como el metal, el cemento, o el cableado.

Pero no, para el profesor Edwards lo más importante no es lo material sino aquello que se supone que tiene que fluir por esas infraestructuras materiales. Si se trata de la infraestructura eléctrica, lo primordial es la electricidad. En la infraestructura hidráulica, el agua. En la infraestructura del internet, la información. Así, en la infraestructura de los combustibles lo más importante es el flujo del energético.

La falla nos hace ver las infraestructuras

Segundo, que las infraestructuras exitosas son aquellas que se vuelven invisibles e imperceptibles. Es decir, que la señal más importante de que una infraestructura funciona bien es que ya ni siquiera la volteamos a ver porque su existencia es perfectamente normal. En este sentido, el profesor Edward también sostiene que el único momento en que volteamos a ver las infraestructuras exitosas es cuando fallan. Las infraestructuras estables sólo se vuelven visibles cuando dejan de funcionar, de entregar lo que se supone que deben entregarnos.

La importancia de la conversación sobre la gasolina en la discusión pública se puede explicar a partir de los argumentos del profesor Edwards. El combate al huachicoleo del presidente López Obrador interrumpió el flujo normal del combustible y, como consecuencia de la falla en el suministro del combustible, todas y todos volteamos a ver y discutir la infraestructura de la gasolina.

Durante años, esta infraestructura ha permanecido demasiado alejada de nuestras vidas cotidianas. Ocasionalmente escuchamos sobre el huachicoleo, pero rara vez nos poníamos a pensar en sus implicaciones en el flujo del combustible.

Nos toca esperar

Ahora, la discusión pública sobre el origen y flujo de los combustibles está en su punto más álgido. Esperemos que la crisis que acabamos de vivir nos ayude a ser un poco más empáticos y pacientes con la estrategia del gobierno federal para enfrentar el huachicoleo.

No nos queda más que tener paciencia y confiar en que la estrategia del presidente dará buenos resultados. Las consecuencias en el corto plazo podrán ser muy molestas —la escasez, las largas filas para cargar combustible, cambiar los patrones de movimiento de nuestra vida cotidiana—, pero los beneficios de recuperar las gasolinas para el país definitivamente valen el esfuerzo.

*David López García es coordinador del Laboratorio de Innovación Democrática (LID).


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