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  • Estuardo Gómez Morán*

Independientes y partidistas: ¿qué candidaturas demandan los ciudadanos?


La figura de las candidaturas independientes tiene una corta historia en México, pero su uso por parte de los ciudadanos es cada vez más intenso. En el anterior proceso electoral (2014-2015) únicamente 22 de los 57 aspirantes a una diputación federal captaron el respaldo necesario para obtener la candidatura. En cambio en el proceso electoral en curso de los 155 aspirantes por la vía independiente, 77 lograron recabar la cantidad de firmas requeridas para obtener la postulación, y aunque todavía no ha concluido la validación por parte del Instituto Nacional Electoral (INE), se podría esperar que al menos 60 logren llegar a los comicios.

Conviene tener presente que en el anterior proceso electoral sólo uno de aquellos 22 candidatos independientes resultó electo en las urnas (Manuel Clouthier, por el Distrito 5 en Sinaloa). En el caso de las nueve entidades federativas que tuvieron elección para gobernador en 2015, de los 13 aspirantes que buscaron una candidatura por la vía independiente, únicamente tres obtuvieron el respaldo ciudadano necesario, y con ello su registro para contender, pero sólo uno de ellos resultó vencedor (Jaime Rodríguez Calderón, en Nuevo León).

En el caso de la elección para el Senado que está en curso, el 21 de enero pasado venció plazo para que los aspirantes recabaran las firmas necesarias que les permitan obtener la candidatura, y entre los 45 aspirantes sólo 11 consiguieron las firmas requeridas. Sin embargo, tanto en la elección de senadores como en la presidencial, la legislación establece requisitos con relación a la dispersión de los apoyos captados, eso quiere decir que es necesario cumplir con un porcentaje mínimo de apoyos en una cantidad mínima de demarcaciones (distritos o entidades federativas, según sea el caso), por lo que se podría esperar que una cantidad menor de aspirantes obtengan la candidatura por la vía independiente.

En la elección presidencial, entre los 48 aspirantes a una candidatura independiente, hasta el 27 de enero pasado el INE reportaba que tres de ellos habían superado la cantidad de firmas necesarias, sin que todavía logren acreditar el requisito de la dispersión (es decir, un porcentaje mínimo de apoyos al menos en 17 entidades federativas), y sin que se hayan validado la totalidad de sus apoyos. Jaime Rodríguez Calderón ha logrado captar la mayor cantidad de firmas, aunque sólo cumple con el criterio de la dispersión en 12 entidades federativas.

En cambio, Armando Ríos Piter que se ubica en el tercer lugar en cuanto apoyos captados, ha logrado cumplir con el apoyo mínimo (el requisito de la dispersión) en 15 entidades federativas, lo que demuestra un uso más eficiente de los esfuerzos para captar el respaldo ciudadano. Finalmente, Margarita Zavala que se ubica en el segundo lugar con relación a la cantidad de firmas recabadas, es quien se encuentra en la situación más desventajosa respecto de la dispersión, pues únicamente ha captado el apoyo mínimo en ocho entidades federativas. El plazo para la recolección de firmas vence el próximo 19 de febrero, y es altamente probable que al menos dos de estos aspirantes lograrán su registro como candidatos independientes.

En este escenario, los políticos independientes de partidos han tratado de captar el apoyo ciudadano a partir de la diferencia que dicen representar frente a los políticos partidistas. Sin embargo, el estatus de la competencia por el respaldo popular entre los aspirantes independientes a la presidencia de la república, parece demostrar que son precisamente los políticos ex partidistas los que han resultado más exitosos en esa carrera: Jaime Rodríguez Calderón, con una larga trayectoria en el PRI antes de su postulación a la gubernatura de Nuevo León; Margarita Zavala, con una larga carrera en el PAN; y, Armando Ríos Piter, con una trayectoria en el PRD. ¿Qué elementos pueden explicar este fenómeno?

Las razones se pueden encontrar en dos conjuntos de incentivos distintos; por un lado, en las reglas que prevalecen en el juego político electoral, tanto aquellas que se han planteado para obtener una postulación por la vía independiente, como aquellas que caracterizan al diseño institucional que permanece en aquellos espacios que están en juego en la disputa política; y, por otro lado, en la naturaleza de las demandas que los propios ciudadanos formulamos frente a políticos independientes y partidistas.

En primer lugar, las reglas definidas para que los aspirantes por la vía independiente logren colocarse en las boletas les imponen exigencias similares a las de conformar un partido político, e incluso algunos analistas consideran que pueden ser superiores a las que deben cumplir los propios partidos políticos. Por otro lado, el diseño institucional que predomina en el ejercicio de las funciones es adverso, por ejemplo: aquellos aspirantes a una diputación federal o a una senaduría que logren colocarse en las boletas, y que eventualmente resulten más votados en los comicios, se enfrentarán a asambleas de representantes dominadas por grupos partidistas, ya que además de las posiciones de mayoría relativa que ganen, los partidos podrán contar también con espacios de representación proporcional, que para los independientes simplemente resultan inalcanzables.

Estos factores representan incentivos para que los políticos independientes de partido recurran a estrategias de apoyo similares a las que recurriría cualquier político partidista: requieren de una base o red de respaldo social similar a la de los partidos políticos, e incluso requieren de una movilización de recursos similar a la que las estructuras partidistas emplean en la obtención del voto, y desde luego requieren de establecer negociaciones que podrían resultar similares a las que establecen los políticos partidistas.

Ello podría explicar el exitoso desempeño de los políticos ex partidistas en la captación del apoyo ciudadano por la vía independiente, y al mismo explicar que aquellos políticos independientes de partido con un mejor manejo de las estrategias empleadas por los partidos políticos sean también los que logran ese mismo propósito. Resulta claro entonces que, no es precisamente la independencia de partidos lo que hace atractivos a algunos políticos independientes, ni que sea la asociación con un partido político lo que hace deleznables a algunos políticos partidistas.

Lo anterior conduce al segundo grupo de incentivos: la naturaleza de las demandas que los ciudadanos plantean a políticos partidistas e independientes. Como se ha dicho previamente, en el ámbito más nacional (la elección presidencial) son los políticos ex partidistas quienes han mostrado un mejor desempeño al buscar el respaldo ciudadano por la vía independiente; sin embargo, esa situación se reproduce casi sistemáticamente en el contexto más local, donde se podrían esperar más liderazgos políticos independientes de partidos. Por ejemplo, entre los aspirantes que transitan de forma más exitosa por la vía independiente para alcanzar una senaduría se encuentran ex gobernadores, ex diputados, ex presidentes de partidos, y empresarios emparentados con líderes partidistas; desde luego con algunas excepciones también se encuentran liderazgos más alejados de partidos (como Pedro Kumamoto en Jalisco).

Por ello, la pertinencia de las candidaturas independientes como una alternativa para una mayor apertura democrática, pasa necesariamente por cuestionar y consolidar la calidad de la ciudadanía y con ello la naturaleza de las demandas que se plantean, tanto a políticos partidistas como independientes.

Colaboración del LID para Cuarta

*Estuardo Gómez Morán es profesor de la maestría en políticas públicas de la Universidad de Guadalajara y co-coordinador de investigación del LID.

#Campañas #Independientes #Ciudadanía

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