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  • David López García*

¿Las ciclovías pueden transformar la ciudad?


Bajo el título de Ciudades hechas a mano, durante la semana pasada se llevó a cabo en la Ciudad de México el sexto Foro Mundial de la Bicicleta. Mientras tanto, en Guadalajara, el Consejo Ciudadano de Movilidad no Motorizada organiza una serie de diálogos de nombre Charlas por la Ciudad. La semana pasada, el tema de la charla fue el rol de la infraestructura ciclista en la transformación de la ciudad. El día de mañana habrá otra charla.

El involucramiento ciudadano en la construcción de la ciudad siempre es de celebrarse. Las personas que impulsan la agenda de movilidad sustentable son muy preparadas y talentosas, y con un grado de responsabilidad social admirable. Sin embargo, cabe preguntarse si todo ese esfuerzo tan valioso de verdad se está enfocando en el lugar correcto. ¿Cuál es el potencial de la agenda de movilidad sustentable, y específicamente de la agenda ciclista, para lograr transformaciones profundas de la ciudad? Discutiré tres aspectos.

Primero, el argumento de que resolviendo los problemas de movilidad automáticamente se resolverán los demás problemas importantes de la ciudad fue destrozado desde la década de los 60 del siglo pasado. En 1961, Jane Jacobs publicó su famoso libro Muerte y vida de las grandes ciudades, en el que hace una fuerte crítica a los planificadores urbanos que concebían al automóvil particular como el villano y la causa de todos los males de las ciudades. En lugar de ello, Jacobs sostenía que los automóviles no son la causa, sino la consecuencia de nuestra incompetencia para construir ciudades.

Para Jacobs, los problemas urbanos tienen causas económicas y sociales mucho más complejas e imbricadas que el simple tráfico de los automóviles. Esto sugiere que las soluciones a los problemas urbanos no están en el diseño de los sistemas de movilidad, sino en el rediseño de las relaciones económicas y sociales de las cuales la movilidad es tan sólo una consecuencia más.

Segundo, por supuesto que los problemas de movilidad de las ciudades son insostenibles, y que reducir la emisión de gases de los automóviles para mitigar el cambio climático es urgente. No obstante, debido a que la movilidad es consecuencia de las relaciones socioeconómicas y no su causa, la adaptación en el largo plazo contra el cambio climático depende más de la transformación de las relaciones socioeconómicas urbanas que de la movilidad. Desafortunadamente, incrementar la infraestructura ciclista tiene un alcance muy limitado para transformar de manera profunda las relaciones socioeconómicas.

Tercero, el punto clave que deberíamos estar discutiendo es en dónde viven las personas y en dónde están sus fuentes de trabajo, y ésa es la relación que tenemos que modificar. Si una persona dedica de tres a cuatro horas al día y gasta la mayor parte de su ingreso en sus traslados -ya sea en automóvil, en transporte público o en bicicleta–, esa persona está en amplia desventaja frente a otras que dedican muy poco tiempo y dinero en ello. Mientras no se modifique esa relación de desigualdad, las ciclovías no van a transformar mucho la ciudad.

Por estas razones es que me pregunto si todo ese empuje de los activistas tendría un efecto más positivo en otro tipo de batallas. ¿Qué pasaría si todo ese esfuerzo se enfocara en reducir las brechas de desigualdad en la ciudad, en acercar a los ciudadanos a sus fuentes de empleo o a combatir a los desarrolladores inmobiliarios que desplazan a los habitantes de los barrios tradicionales y expanden la ciudad? Eso sí que tendría un efecto sobre la movilidad urbana.

Columna de LID para El Diario NTR de Guadalajara

*David López García es Director Ejecutivo del Laboratorio de Innovación Democrática (LID). Actualmente radica en la ciudad de Nueva York, en donde realiza un doctorado en política urbana en la New School University.

#Políticaurbana #Justiciasocial

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